jueves, 14 de agosto de 2014

Egipto, la creación del Mundo.

 
 



[Mitología para inexpertos] Ra, y la creación del Mundo.

 

Bueno, como hace calor, hoy toca Egipto.

 

Pues resulta, que como siempre, al principio no había ni luz ni nada. No se había inventado nada porque no había quien inventara a oscuras. Ni siquiera había un flexo ni un sitio donde sentarse a pensar. (¿Ni papel para escribir?) No, no había nada. (Pero algo habría, no sé yo, un palo y tierra para pintar en el suelo) Que no, he dicho que no había nada.

Bueno sí, había un mar profundo y extenso, oscuro y sin vida. Se llamaba Nun. Quién le puso nombre no lo sé. Pero era tan poderosa que se nombró a sí misma seguro. Nun puso un huevo. Como lo oyes. Un huevo, como una gallina.

Y de ese huevo salió Ra.

Ra era como Saurom. Tenía un solo ojo en to lo alto de la cabeza, muy brillante, que era el sol. Era como una bombilla viviente pero de muchos watios. Y ahí empezó la factura de la luz y a hacerse ricas las compañías eléctricas que son más antiguas que la gente. Ra era como el ministro de Industria. Llevaba solo la Energía en la cabeza.

Ra tenía el poder de crear lo que le venía en gana con solo nombrarlo. Era como un niño rico que solo tenía que pedir…y aparecía.

Y se le ocurrió estornudar y creó el viento porque dijo Shuuuuu, y el aire se movió por fin. Shu llevaba plumas en la cabeza que al moverse provocaban los vientos de cada punto cardinal. Por debajo de Shu creó la tierra firme porque estaba harto de ir en barca. De las aguas de Nun emergió Geb. Estaba siempre echao, y era de color verde. Como una alfombra de césped artificial. Shu corría por encima de Geb, pateándole el estómago, pero como eran dioses pues era guay. No le dolía.

Para que hubiera verdor en la tierra era necesario que lloviera de vez en cuando, eso lo sabemos todos, y Ra que era muy sabio decidió que nada mejor que crear la lluvia. Entonces creó a Tefnut, con cuerpo de mujer y cabeza de leona (vaya usté a saber porqué, así sería de brava) y se la entregó a Shu para que la llevara de un lado a otro a pasear. Así iba lloviendo por toda la tierra y mantenía verde a Geb.

Verde sí, pero de la envidia. Él solo allí, tumbao to el día como el que no tiene na que hacer. Y Shu agarrado a la cinturilla de Tefnut, que meneando el culo iba derramando lluvia por todos lados (hagan sus conjeturas).

Y tanto bailaron, que les nació una hija, y la llamaron Nut. Y para colmo, Nut iba en pelota picada todo el día. Es normal que Geb se fijara en ella desde que la vio. Frito como estaba, por mucha lluvia que le cayera, los ojitos se le salían. Y encima tenía alas. Como un ángel vamos.

Nut era de color azul por el día y negra de noche. Y del tirón se sintió atraída por Geb. Más que nada porque era lo único decente que había por allí. Digamos que era lo único. Y se llevaba to el día echada sobre él. Acarameladitos. Como si estuvieran en Gran Hermano. Tefnut le dijo a Shu que con la niña todo el rato sobre Geb, la lluvia no caía sobre él y lo estaba dejando sequito. Shu comprendió que lo de dejarlo seco venía siendo por otros motivos, pero se lo calló. Y se fue a ver a Ra. Y Ra le dijo que quien era él para ponerle puertas al campo y riendas al amor. Y Shu, Shu se puso como todo buen padre, encabronao. Así que se metió entre los dos y levantó a Nut por la cintura para mantenerla lo más alejada posible de Geb. Así separó el Firmamento de la Tierra. Se acabó el jugueteo con la niña.

Ra vio tristón a Geb y decide que nada mejor para él que buscarle un amigo. Y nombró a un río. Y como hacía lo que le venía en gana, pues el río se creó. Y lo llamó Hapi (porque le veía feliz pero no sabía pronunciar el inglés aún) aunque el pueblo llano lo llamaba Nilo. Hapi era verdoso unas veces y azul oscuro otras. Era un cachondo. Unas veces venía tranquilo en plan aburridote y otras se desbordaba y ¡Ala! to inundao. Ra preguntó a Geb si estaba contento. “Está bien, pero…. No tiene tetas”. Ra que era un cachondo mental o aun no se había coscao de lo que pedía Geb no se le ocurrió otra cosa que ponerle dos buenas tetas a Hapi. Así como un Buda. O un luchador de sumo japonés. Geb ya pasó de pedir, no fuera a liarla más. Y de cada pecho de Hapi brotaba un río, el Nilo azul y el Nilo blanco. La cosa ya estaba hecha.

Pero Ra no se detuvo ahí y decidió crear más cosas para desdicha de Geb. Empezó a crear todos los seres vivos que pululan por la tierra, hombres incluidos, que Geb parecía un perro abandonao lleno de pulgas y garrapatas, pos igual pero de animalitos y personas.

Entonces Ra se dijo de gobernarlos a todos, como si fuera el anillo único. Pero claro, si se metía con su ojo en Egipto, los iba a quemar a todos. Que estos seres no eran como los dioses que lo aguantaban to. Así que dejó el ojo en el cielo seguir su camino, y se transformó en hombre, y fue el primer faraón de Egipto, allá por el troscocientos mil antes de nuestra Era.

Pero la gente es mu tonta, y no sabe apreciar lo que tiene. Y poco a poco empezaron a perderle el respeto, porque estaba poniéndose viejuno. Entonces se reunió con los dioses y les preguntó que qué harían ellos en su caso. ¿Os imagináis lo que dijeron? Pues lo que suelen decir los dioses en el momento en que la peña humana se pone farruca, ¡Matarlos a todos! Escabechina total. Y Ra que necesitaba poco para ponerse en modo destroyer, creó a Sekhmet. Una diosa con cabeza de leona, como Tefnut pero con melenas y rastas. Y le dio una cualidad, siempre estaría sedienta de sangre. Una ricura de criatura. Y la soltó por la tierra, y claro la lió parda. Se estaba ventilando a media humanidad, que en aquel entonces sería bien escasita. Y venga de matar y matar, y venga de sorber sangre. Y se levantaba por la mañana y lo primero un chupito de sangre egipcia. Y a mediodía cuando la calor aprieta, dos buenos vasos de sangría humana. Y dos vasos de un dios no son dos vasos de los nuestros. Son como jarros para florero pero a lo ancho y a lo largo como un tanque de agua de una urbanización de la costa. Y por la tarde en lugar de café, más sangre. Y a la noche, ¿un gin tonic? no, un San Francisco pero en vez de granadina…eso, más sangre. Y venga sangre y venga sangre.

Ra se empezó a dar cuenta que se había pasao una mijilla. Y decidió darle una tregua a la gente humana. Y así una noche cogió una jarra de esas que le gustaba a Sekhmet llenar de sangre y la llenó de cerveza. La cerveza egipcia se podía casi masticar de lo fuerte que era. La puso a la luz de la luna y con el ámbar de la cerveza parecía rojo. La leona al verla se la bebió de un trago, y cogió tal colocón que esa noche se quedó dormida y no mató a ningún humano. Y ¿creéis que descubrió el engaño a la mañana siguiente? Con el resacón se fue a ver a su padre y le contó que se había bebido la mejor sangre del mundo y que le dolía el coco y no bebería más en bastante tiempo. Y así pudieron descansar los egipcios un tiempo. Y aprendieron la lección por unos milenios.

Por aquel entonces, Ra ya había creado a otros dos dioses por la cara. Uno era Toth, dios de la sabiduría, las artes  y la escritura, con cabeza de ibis del cual cogía las plumas para escribir. Así los hombres tenían algo en qué entretenerse. El otro era su hermano Jonsu, el Jhonshurprimo en el barrio, que llevaba sobre su cabeza un disco plateado para dar luz en la noche. El Jonsu era como una discoteca ambulante, un coche de esos de poligonero lleno de luces de neón. Solo salía de noche. El Jonsu era guay. El Jonsu molaba.

 

Geb y Nut seguían viéndose a pesar de la férrea vigilancia de Shu. Pero es que Shu no soplaba to los días. Y claro, en una de estas se quedó embarazada. Shu fue a ver otra vez a Ra. “Que la niña se ha quedao preñá y no pienso hacerme cargo del niño de ese flojo, bueno pa nah, que está to el día tumbao sin buscar trabajo y sin oficio ni beneficio. Na más dejándose rascar la barriga por los agricultores y dejándose la barba verde esa que le crece como un perroflauta”.

Y Ra, que era vejete y no estaba ya para mucha mandanga, accedió a que Nut no tuviera hijos mientras hubiese luz. Que no diera a luz si había luz, así de jodío. Y Shu se marchó contento. Pero Geb y Nut seguían con la coyunda. Y ya llevaba cinco hijos en el vientre. Como lo oyes. Aquello no era un vientre sino una guardería, o un parque de bolas de McDonalds en un cumpleaños. Y claro, Nut no estaba dispuesta a aguantar aquel circo, y tampoco estaba muy por la labor de dejar de juguetear con Geb. Que en aquella postura, con los brazos sobre la cabeza de Geb y los pies sobre sus pies, en pelotas, y arqueada encima de él…daba un calorcito mirarlo. Y se fue a ver a Toth, que por algo era el dios de la sabiduría. Toth se pasaba las noches jugando a las cartas con su hermano Jonsu, con su traje brillante y su disco de platino en la cabeza. Jonsu era como el cantante de Boney M.

Así que Toth ideó un plan. Se apostó que si ganaba, Jonsu le tenía que prestar durante cinco días el disco lunar. Y Jonsu que era mu chulo, se lo aceptó. No sabemos que haría Toth si perdía, pero como era mu listo, no había pérdida así que apostaría cualquier cosa… el pico quizás. Y como estaba cantao, Jonsu perdió. Y le prestó durante cinco días el disco lunar, que Toth escondió en un cofre. Y así hizo que la luna no salga durante cinco días. Y como no había luz, Nut dio a luz sin luz a los cinco hijos uno cada día, sin descansar ni nada.

Y así nacieron los grandes dioses del panteón egipcio, Osiris, Isis, Horus, Seth y Neftis.

 

Pero esto mejor os lo cuento otro día.

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