[Mitología para inexpertos] Ra, y la creación del Mundo.
Bueno, como hace calor, hoy toca Egipto.
Pues resulta, que como siempre, al principio no había ni luz
ni nada. No se había inventado nada porque no había quien inventara a oscuras.
Ni siquiera había un flexo ni un sitio donde sentarse a pensar. (¿Ni papel para
escribir?) No, no había nada. (Pero algo habría, no sé yo, un palo y tierra
para pintar en el suelo) Que no, he dicho que no había nada.
Bueno sí, había un mar profundo y extenso, oscuro y sin
vida. Se llamaba Nun. Quién le puso nombre no lo sé. Pero era tan poderosa que
se nombró a sí misma seguro. Nun puso un huevo. Como lo oyes. Un huevo, como
una gallina.
Y de ese huevo salió Ra.
Ra era como Saurom. Tenía un solo ojo en to lo alto de la cabeza,
muy brillante, que era el sol. Era como una bombilla viviente pero de muchos
watios. Y ahí empezó la factura de la luz y a hacerse ricas las compañías eléctricas
que son más antiguas que la gente. Ra era como el ministro de Industria.
Llevaba solo la Energía en la cabeza.
Ra tenía el poder de crear lo que le venía en gana con solo
nombrarlo. Era como un niño rico que solo tenía que pedir…y aparecía.
Y se le ocurrió estornudar y creó el viento porque dijo
Shuuuuu, y el aire se movió por fin. Shu llevaba plumas en la cabeza que al
moverse provocaban los vientos de cada punto cardinal. Por debajo de Shu creó
la tierra firme porque estaba harto de ir en barca. De las aguas de Nun emergió
Geb. Estaba siempre echao, y era de color verde. Como una alfombra de césped
artificial. Shu corría por encima de Geb, pateándole el estómago, pero como
eran dioses pues era guay. No le dolía.
Para que hubiera verdor en la tierra era necesario que
lloviera de vez en cuando, eso lo sabemos todos, y Ra que era muy sabio decidió
que nada mejor que crear la lluvia. Entonces creó a Tefnut, con cuerpo de mujer
y cabeza de leona (vaya usté a saber porqué, así sería de brava) y se la
entregó a Shu para que la llevara de un lado a otro a pasear. Así iba lloviendo
por toda la tierra y mantenía verde a Geb.
Verde sí, pero de la envidia. Él solo allí, tumbao to el día
como el que no tiene na que hacer. Y Shu agarrado a la cinturilla de Tefnut,
que meneando el culo iba derramando lluvia por todos lados (hagan sus
conjeturas).
Y tanto bailaron, que les nació una hija, y la llamaron Nut.
Y para colmo, Nut iba en pelota picada todo el día. Es normal que Geb se fijara
en ella desde que la vio. Frito como estaba, por mucha lluvia que le cayera,
los ojitos se le salían. Y encima tenía alas. Como un ángel vamos.
Nut era de color azul por el día y negra de noche. Y del
tirón se sintió atraída por Geb. Más que nada porque era lo único decente que
había por allí. Digamos que era lo único. Y se llevaba to el día echada sobre
él. Acarameladitos. Como si estuvieran en Gran Hermano. Tefnut le dijo a Shu
que con la niña todo el rato sobre Geb, la lluvia no caía sobre él y lo estaba
dejando sequito. Shu comprendió que lo de dejarlo seco venía siendo por otros
motivos, pero se lo calló. Y se fue a ver a Ra. Y Ra le dijo que quien era él
para ponerle puertas al campo y riendas al amor. Y Shu, Shu se puso como todo
buen padre, encabronao. Así que se metió entre los dos y levantó a Nut por la
cintura para mantenerla lo más alejada posible de Geb. Así separó el Firmamento
de la Tierra. Se acabó el jugueteo con la niña.
Ra vio tristón a Geb y decide que nada mejor para él que
buscarle un amigo. Y nombró a un río. Y como hacía lo que le venía en gana,
pues el río se creó. Y lo llamó Hapi (porque le veía feliz pero no sabía
pronunciar el inglés aún) aunque el pueblo llano lo llamaba Nilo. Hapi era
verdoso unas veces y azul oscuro otras. Era un cachondo. Unas veces venía
tranquilo en plan aburridote y otras se desbordaba y ¡Ala! to inundao. Ra
preguntó a Geb si estaba contento. “Está bien, pero…. No tiene tetas”. Ra que
era un cachondo mental o aun no se había coscao de lo que pedía Geb no se le
ocurrió otra cosa que ponerle dos buenas tetas a Hapi. Así como un Buda. O un
luchador de sumo japonés. Geb ya pasó de pedir, no fuera a liarla más. Y de
cada pecho de Hapi brotaba un río, el Nilo azul y el Nilo blanco. La cosa ya
estaba hecha.
Pero Ra no se detuvo ahí y decidió crear más cosas para
desdicha de Geb. Empezó a crear todos los seres vivos que pululan por la tierra,
hombres incluidos, que Geb parecía un perro abandonao lleno de pulgas y
garrapatas, pos igual pero de animalitos y personas.
Entonces Ra se dijo de gobernarlos a todos, como si fuera el
anillo único. Pero claro, si se metía con su ojo en Egipto, los iba a quemar a
todos. Que estos seres no eran como los dioses que lo aguantaban to. Así que
dejó el ojo en el cielo seguir su camino, y se transformó en hombre, y fue el
primer faraón de Egipto, allá por el troscocientos mil antes de nuestra Era.
Pero la gente es mu tonta, y no sabe apreciar lo que tiene.
Y poco a poco empezaron a perderle el respeto, porque estaba poniéndose
viejuno. Entonces se reunió con los dioses y les preguntó que qué harían ellos
en su caso. ¿Os imagináis lo que dijeron? Pues lo que suelen decir los dioses
en el momento en que la peña humana se pone farruca, ¡Matarlos a todos!
Escabechina total. Y Ra que necesitaba poco para ponerse en modo destroyer,
creó a Sekhmet. Una diosa con cabeza de leona, como Tefnut pero con melenas y
rastas. Y le dio una cualidad, siempre estaría sedienta de sangre. Una ricura
de criatura. Y la soltó por la tierra, y claro la lió parda. Se estaba
ventilando a media humanidad, que en aquel entonces sería bien escasita. Y
venga de matar y matar, y venga de sorber sangre. Y se levantaba por la mañana
y lo primero un chupito de sangre egipcia. Y a mediodía cuando la calor
aprieta, dos buenos vasos de sangría humana. Y dos vasos de un dios no son dos
vasos de los nuestros. Son como jarros para florero pero a lo ancho y a lo
largo como un tanque de agua de una urbanización de la costa. Y por la tarde en
lugar de café, más sangre. Y a la noche, ¿un gin tonic? no, un San Francisco
pero en vez de granadina…eso, más sangre. Y venga sangre y venga sangre.
Ra se empezó a dar cuenta que se había pasao una mijilla. Y
decidió darle una tregua a la gente humana. Y así una noche cogió una jarra de
esas que le gustaba a Sekhmet llenar de sangre y la llenó de cerveza. La
cerveza egipcia se podía casi masticar de lo fuerte que era. La puso a la luz
de la luna y con el ámbar de la cerveza parecía rojo. La leona al verla se la
bebió de un trago, y cogió tal colocón que esa noche se quedó dormida y no mató
a ningún humano. Y ¿creéis que descubrió el engaño a la mañana siguiente? Con
el resacón se fue a ver a su padre y le contó que se había bebido la mejor
sangre del mundo y que le dolía el coco y no bebería más en bastante tiempo. Y
así pudieron descansar los egipcios un tiempo. Y aprendieron la lección por
unos milenios.
Por aquel entonces, Ra ya había creado a otros dos dioses
por la cara. Uno era Toth, dios de la sabiduría, las artes y la escritura, con cabeza de ibis del cual
cogía las plumas para escribir. Así los hombres tenían algo en qué
entretenerse. El otro era su hermano Jonsu, el Jhonshurprimo en el barrio, que
llevaba sobre su cabeza un disco plateado para dar luz en la noche. El Jonsu
era como una discoteca ambulante, un coche de esos de poligonero lleno de luces
de neón. Solo salía de noche. El Jonsu era guay. El Jonsu molaba.
Geb y Nut seguían viéndose a pesar de la férrea vigilancia
de Shu. Pero es que Shu no soplaba to los días. Y claro, en una de estas se
quedó embarazada. Shu fue a ver otra vez a Ra. “Que la niña se ha quedao preñá
y no pienso hacerme cargo del niño de ese flojo, bueno pa nah, que está to el
día tumbao sin buscar trabajo y sin oficio ni beneficio. Na más dejándose
rascar la barriga por los agricultores y dejándose la barba verde esa que le
crece como un perroflauta”.
Y Ra, que era vejete y no estaba ya para mucha mandanga,
accedió a que Nut no tuviera hijos mientras hubiese luz. Que no diera a luz si
había luz, así de jodío. Y Shu se marchó contento. Pero Geb y Nut seguían con
la coyunda. Y ya llevaba cinco hijos en el vientre. Como lo oyes. Aquello no
era un vientre sino una guardería, o un parque de bolas de McDonalds en un
cumpleaños. Y claro, Nut no estaba dispuesta a aguantar aquel circo, y tampoco
estaba muy por la labor de dejar de juguetear con Geb. Que en aquella postura,
con los brazos sobre la cabeza de Geb y los pies sobre sus pies, en pelotas, y
arqueada encima de él…daba un calorcito mirarlo. Y se fue a ver a Toth, que por
algo era el dios de la sabiduría. Toth se pasaba las noches jugando a las
cartas con su hermano Jonsu, con su traje brillante y su disco de platino en la
cabeza. Jonsu era como el cantante de Boney M.
Así que Toth ideó un plan. Se apostó que si ganaba, Jonsu le
tenía que prestar durante cinco días el disco lunar. Y Jonsu que era mu chulo,
se lo aceptó. No sabemos que haría Toth si perdía, pero como era mu listo, no
había pérdida así que apostaría cualquier cosa… el pico quizás. Y como estaba
cantao, Jonsu perdió. Y le prestó durante cinco días el disco lunar, que Toth
escondió en un cofre. Y así hizo que la luna no salga durante cinco días. Y
como no había luz, Nut dio a luz sin luz a los cinco hijos uno cada día, sin
descansar ni nada.
Y así nacieron los grandes dioses del panteón egipcio,
Osiris, Isis, Horus, Seth y Neftis.
Pero esto mejor os lo cuento otro día.



