jueves, 14 de agosto de 2014

Egipto, la creación del Mundo.

 
 



[Mitología para inexpertos] Ra, y la creación del Mundo.

 

Bueno, como hace calor, hoy toca Egipto.

 

Pues resulta, que como siempre, al principio no había ni luz ni nada. No se había inventado nada porque no había quien inventara a oscuras. Ni siquiera había un flexo ni un sitio donde sentarse a pensar. (¿Ni papel para escribir?) No, no había nada. (Pero algo habría, no sé yo, un palo y tierra para pintar en el suelo) Que no, he dicho que no había nada.

Bueno sí, había un mar profundo y extenso, oscuro y sin vida. Se llamaba Nun. Quién le puso nombre no lo sé. Pero era tan poderosa que se nombró a sí misma seguro. Nun puso un huevo. Como lo oyes. Un huevo, como una gallina.

Y de ese huevo salió Ra.

Ra era como Saurom. Tenía un solo ojo en to lo alto de la cabeza, muy brillante, que era el sol. Era como una bombilla viviente pero de muchos watios. Y ahí empezó la factura de la luz y a hacerse ricas las compañías eléctricas que son más antiguas que la gente. Ra era como el ministro de Industria. Llevaba solo la Energía en la cabeza.

Ra tenía el poder de crear lo que le venía en gana con solo nombrarlo. Era como un niño rico que solo tenía que pedir…y aparecía.

Y se le ocurrió estornudar y creó el viento porque dijo Shuuuuu, y el aire se movió por fin. Shu llevaba plumas en la cabeza que al moverse provocaban los vientos de cada punto cardinal. Por debajo de Shu creó la tierra firme porque estaba harto de ir en barca. De las aguas de Nun emergió Geb. Estaba siempre echao, y era de color verde. Como una alfombra de césped artificial. Shu corría por encima de Geb, pateándole el estómago, pero como eran dioses pues era guay. No le dolía.

Para que hubiera verdor en la tierra era necesario que lloviera de vez en cuando, eso lo sabemos todos, y Ra que era muy sabio decidió que nada mejor que crear la lluvia. Entonces creó a Tefnut, con cuerpo de mujer y cabeza de leona (vaya usté a saber porqué, así sería de brava) y se la entregó a Shu para que la llevara de un lado a otro a pasear. Así iba lloviendo por toda la tierra y mantenía verde a Geb.

Verde sí, pero de la envidia. Él solo allí, tumbao to el día como el que no tiene na que hacer. Y Shu agarrado a la cinturilla de Tefnut, que meneando el culo iba derramando lluvia por todos lados (hagan sus conjeturas).

Y tanto bailaron, que les nació una hija, y la llamaron Nut. Y para colmo, Nut iba en pelota picada todo el día. Es normal que Geb se fijara en ella desde que la vio. Frito como estaba, por mucha lluvia que le cayera, los ojitos se le salían. Y encima tenía alas. Como un ángel vamos.

Nut era de color azul por el día y negra de noche. Y del tirón se sintió atraída por Geb. Más que nada porque era lo único decente que había por allí. Digamos que era lo único. Y se llevaba to el día echada sobre él. Acarameladitos. Como si estuvieran en Gran Hermano. Tefnut le dijo a Shu que con la niña todo el rato sobre Geb, la lluvia no caía sobre él y lo estaba dejando sequito. Shu comprendió que lo de dejarlo seco venía siendo por otros motivos, pero se lo calló. Y se fue a ver a Ra. Y Ra le dijo que quien era él para ponerle puertas al campo y riendas al amor. Y Shu, Shu se puso como todo buen padre, encabronao. Así que se metió entre los dos y levantó a Nut por la cintura para mantenerla lo más alejada posible de Geb. Así separó el Firmamento de la Tierra. Se acabó el jugueteo con la niña.

Ra vio tristón a Geb y decide que nada mejor para él que buscarle un amigo. Y nombró a un río. Y como hacía lo que le venía en gana, pues el río se creó. Y lo llamó Hapi (porque le veía feliz pero no sabía pronunciar el inglés aún) aunque el pueblo llano lo llamaba Nilo. Hapi era verdoso unas veces y azul oscuro otras. Era un cachondo. Unas veces venía tranquilo en plan aburridote y otras se desbordaba y ¡Ala! to inundao. Ra preguntó a Geb si estaba contento. “Está bien, pero…. No tiene tetas”. Ra que era un cachondo mental o aun no se había coscao de lo que pedía Geb no se le ocurrió otra cosa que ponerle dos buenas tetas a Hapi. Así como un Buda. O un luchador de sumo japonés. Geb ya pasó de pedir, no fuera a liarla más. Y de cada pecho de Hapi brotaba un río, el Nilo azul y el Nilo blanco. La cosa ya estaba hecha.

Pero Ra no se detuvo ahí y decidió crear más cosas para desdicha de Geb. Empezó a crear todos los seres vivos que pululan por la tierra, hombres incluidos, que Geb parecía un perro abandonao lleno de pulgas y garrapatas, pos igual pero de animalitos y personas.

Entonces Ra se dijo de gobernarlos a todos, como si fuera el anillo único. Pero claro, si se metía con su ojo en Egipto, los iba a quemar a todos. Que estos seres no eran como los dioses que lo aguantaban to. Así que dejó el ojo en el cielo seguir su camino, y se transformó en hombre, y fue el primer faraón de Egipto, allá por el troscocientos mil antes de nuestra Era.

Pero la gente es mu tonta, y no sabe apreciar lo que tiene. Y poco a poco empezaron a perderle el respeto, porque estaba poniéndose viejuno. Entonces se reunió con los dioses y les preguntó que qué harían ellos en su caso. ¿Os imagináis lo que dijeron? Pues lo que suelen decir los dioses en el momento en que la peña humana se pone farruca, ¡Matarlos a todos! Escabechina total. Y Ra que necesitaba poco para ponerse en modo destroyer, creó a Sekhmet. Una diosa con cabeza de leona, como Tefnut pero con melenas y rastas. Y le dio una cualidad, siempre estaría sedienta de sangre. Una ricura de criatura. Y la soltó por la tierra, y claro la lió parda. Se estaba ventilando a media humanidad, que en aquel entonces sería bien escasita. Y venga de matar y matar, y venga de sorber sangre. Y se levantaba por la mañana y lo primero un chupito de sangre egipcia. Y a mediodía cuando la calor aprieta, dos buenos vasos de sangría humana. Y dos vasos de un dios no son dos vasos de los nuestros. Son como jarros para florero pero a lo ancho y a lo largo como un tanque de agua de una urbanización de la costa. Y por la tarde en lugar de café, más sangre. Y a la noche, ¿un gin tonic? no, un San Francisco pero en vez de granadina…eso, más sangre. Y venga sangre y venga sangre.

Ra se empezó a dar cuenta que se había pasao una mijilla. Y decidió darle una tregua a la gente humana. Y así una noche cogió una jarra de esas que le gustaba a Sekhmet llenar de sangre y la llenó de cerveza. La cerveza egipcia se podía casi masticar de lo fuerte que era. La puso a la luz de la luna y con el ámbar de la cerveza parecía rojo. La leona al verla se la bebió de un trago, y cogió tal colocón que esa noche se quedó dormida y no mató a ningún humano. Y ¿creéis que descubrió el engaño a la mañana siguiente? Con el resacón se fue a ver a su padre y le contó que se había bebido la mejor sangre del mundo y que le dolía el coco y no bebería más en bastante tiempo. Y así pudieron descansar los egipcios un tiempo. Y aprendieron la lección por unos milenios.

Por aquel entonces, Ra ya había creado a otros dos dioses por la cara. Uno era Toth, dios de la sabiduría, las artes  y la escritura, con cabeza de ibis del cual cogía las plumas para escribir. Así los hombres tenían algo en qué entretenerse. El otro era su hermano Jonsu, el Jhonshurprimo en el barrio, que llevaba sobre su cabeza un disco plateado para dar luz en la noche. El Jonsu era como una discoteca ambulante, un coche de esos de poligonero lleno de luces de neón. Solo salía de noche. El Jonsu era guay. El Jonsu molaba.

 

Geb y Nut seguían viéndose a pesar de la férrea vigilancia de Shu. Pero es que Shu no soplaba to los días. Y claro, en una de estas se quedó embarazada. Shu fue a ver otra vez a Ra. “Que la niña se ha quedao preñá y no pienso hacerme cargo del niño de ese flojo, bueno pa nah, que está to el día tumbao sin buscar trabajo y sin oficio ni beneficio. Na más dejándose rascar la barriga por los agricultores y dejándose la barba verde esa que le crece como un perroflauta”.

Y Ra, que era vejete y no estaba ya para mucha mandanga, accedió a que Nut no tuviera hijos mientras hubiese luz. Que no diera a luz si había luz, así de jodío. Y Shu se marchó contento. Pero Geb y Nut seguían con la coyunda. Y ya llevaba cinco hijos en el vientre. Como lo oyes. Aquello no era un vientre sino una guardería, o un parque de bolas de McDonalds en un cumpleaños. Y claro, Nut no estaba dispuesta a aguantar aquel circo, y tampoco estaba muy por la labor de dejar de juguetear con Geb. Que en aquella postura, con los brazos sobre la cabeza de Geb y los pies sobre sus pies, en pelotas, y arqueada encima de él…daba un calorcito mirarlo. Y se fue a ver a Toth, que por algo era el dios de la sabiduría. Toth se pasaba las noches jugando a las cartas con su hermano Jonsu, con su traje brillante y su disco de platino en la cabeza. Jonsu era como el cantante de Boney M.

Así que Toth ideó un plan. Se apostó que si ganaba, Jonsu le tenía que prestar durante cinco días el disco lunar. Y Jonsu que era mu chulo, se lo aceptó. No sabemos que haría Toth si perdía, pero como era mu listo, no había pérdida así que apostaría cualquier cosa… el pico quizás. Y como estaba cantao, Jonsu perdió. Y le prestó durante cinco días el disco lunar, que Toth escondió en un cofre. Y así hizo que la luna no salga durante cinco días. Y como no había luz, Nut dio a luz sin luz a los cinco hijos uno cada día, sin descansar ni nada.

Y así nacieron los grandes dioses del panteón egipcio, Osiris, Isis, Horus, Seth y Neftis.

 

Pero esto mejor os lo cuento otro día.

martes, 12 de agosto de 2014

El nacimiento de Cú Chulainn, el heroe del Ulster.


 

 

Hoy toca mitos celtas, concretamente de mi querida Irlanda.

 

Resulta que en la vieja Irlanda gobernaba un rey que se llamaba Connor McNessa, de los McNessa de toda la vida. Y este rey tenía un druida, como no podía ser menos, con barba larga y su hocino de oro. Pues pasó que un día la hija del druida desapareció con cincuenta doncellas más. Buscaron hasta en Ibiza por si se habían marchado de fin de curso a ponerse hasta el culo de whisky, pero nada. total que cuando ya las daban por desaparecidas, durante una cacería, a la que todos los reyes de todos lados son muy aficionados, aparecieron unos pajaritos alegres y trinantes que les llamaron la atención. Y mira por donde, que al seguirlos hasta los matorrales, se convirtieron en las doncellas que habían sido raptadas por el dios Lugh. Las tenía allí como si fuera don Jesús Gil y Gil, todas alrededor de la piscina. Para eso era un dios. Y le apodaban Lugh el del largo brazo, así que… ojito.

Pues cuando el rey le pidió que se las devolviera, el dios se puso farruco, y ya sabemos como las gastan los dioses. Déctera, que así se llamaba la hija del druida, le pidió que al menos le permitiera llevarse a su hijo pequeño. Que Lugh era dios, pero las semillitas valen igual o más que las de cualquiera, y sin precauciones ya sabéis. Y accedió a que se lo llevaran, que él aguantarlo llorando to las noches como que no.

 

Ya en casa, le llamaron Setanta, que quiere decir el pequeñito. Ahí para crearle trauma. Setenta solo quería jugar al futbol, pero como no se había inventado aún, se tuvo que aguantar jugando a una cosa parecida al hockey hierba que los irlandeses llaman hurling. Y el chaval destacaba. Era como Messi. Pequeñito pero con un toque de balón curioso. Se lo rifaba el Belfast Hurling Club y el Real Armagh. Pero el solo jugaba en la masía de Connor.

 

Ocurrió que cierto día (me pongo serio), el rey fue invitado con todos sus caballeros, a un banquete que daba un herrero muy rico de la zona. Cullainn tenía la fama de que nadie le robaba jamás. Tenía un perro…pero un perrazo…un caballo con colmillos. Estaba amarrado to el día, pasando más hambre que un caracol en un espejo, y lo soltaban de noche para que comiera ladrones despistaos.

El rey le dijo a Setanta que lo acompañara para presentarle al que iba a ser su sponsor. Herrerías Cullainn. Pero el pequeño Setanta dijo que ahora iba ganando y que cuando pitaran el final ya iría. Como mi hijo jugando a la Playstation más o menos.

 

Ya en el banquete, empezó a atardecer y Cullainn ordenó a su criado el manco que soltara al bicho. Su criado hace dos días no era manco, imaginad porqué. Pero Cullainn tenía criados a mansalva. Era rico joer. Compraba esclavos como el que compra zapatos. Qué os voy a contar lo que somos los ricos de desprendios.

Nadie se acordó de Setanta.

 

De pronto, cuando todo el mundo estaba reposando la cena al calor de la chimenea, se oyó un ladrido aterrador. Cullainn dijo: “Mi chiqui ha pillao a un ladrón, angelico”.

Hosti tú, Setanta. Eso pensaron todos. Rápidamente salieron a buscar los cachitos del niño. Pero allí estaba él, sobre el perro moribundo. Por lo visto, cuando el perro venía corriendo hacia él con la boca abierta, le lanzó la pelota de madera que se le encajó entre los dientes. Mientras forcejeaba el animalillo, se le acercó y le metió un cascamazo con el palo de hurling en tol coco. Todos sacaron a Setanta a hombros como si fuera José Tomás en una buena tarde que no lo haya sacao el toro por la enfermería. ¿Todos? Todos no. El herrero estaba arrodillado ante su perro muerto. Todos callaron. Se jodió el sponsor del equipo. Cualquiera le pedía dinero ahora al Cullainn.

 

Entonces Setanta se le acercó. “No gimas pobre herrero atribulado –era repelentillo Setanta- Dame un cachorro y yo lo adiestraré para que sea de nuevo tu guardián en aquestas tus tierras de paz y promisión”. Daban ganas de darle una colleja ¿verdad?

 

El herrero le dijo: “¿Y en demientra? –porque era rico, pero un poco borrico (me salen solas las rimas). Mis cosas quién me las cuida.”

 

“Dadme una lanza y yo defenderé cada noche tu casa, hasta que el perro crezca, como si yo mismo fuera ese perro que yace ahí, desangrado e inmóvil ante las atónitas miradas de los ímprobos caballeros que olvidaron a este pequeño que aquí les habla”. Asco de niño, sí.

 Y como así lo hizo, defendiendo como un jabato la casa de Cullainn hasta que tuvo perro otra vez, le llamaron “el perro de Cullainn”. Cú Chulainn en gaélico.

 

Y a partir de ahí comenzó su leyenda que merece ser contada en otra ocasión más propicia…Ya se me ha pegao la tontuna del niño. Fin


La guerra de Troya




 
Todos habréis visto “Troya” de Brad Pitt, pero yo os voy a contar la verdad verdadera.

 

¿Recordáis lo de la Manzana de la Discordia? Nos quedamos en que el tonto de Paris se había enamorao como un becerro de Helena de Grecia y que ésta estaba casada con Menelao de Esparta. Como en una buena película de sobremesa. Todo a raíz de una pelea entre tres diosas por ver quien era la más macizorra del Olimpo.

 

Pues bien. Resulta que Paris fue reconocido por su padre, Príamo de Troya, que lo había abandonado al nacer. En realidad le mandó darle matarile a un fulano con principios. Así que se arrepintió mucho y lo recogió otra vez. No se acordaba que éste iba a ser la ruina total de Troya, o le importaba ya un carajo a estas alturas. Estaría de los troyanos hasta la marimba. El caso es que un día mandó a su hijo el Héctor a llevarle unas cositas de Troya al rey de Esparta. Paris que se enteró se embarcó por aquello de irse gratis a de crucero. Que no había salido de la vaquería en veinte años.

Una vez en Esparta se le cruzó la Helena y se acordó de haberla visto en eDarling. También se acordó de que Afrodita le prometió el amor de la mujer que él quisiera y la mandó un wassap. “Que he visto a Helena y me palpitan  los bajos como pecho de perro cansao”. Afrodita no contestó pero al ver el doble clic la dio por enterada.

Y en esto que se acaba la visita una vez en Troya, que si no me di cuenta que la había invitao a ver el camarote del capitán, que si yo no sabía que había que casarse pa esto, que si ya que está aquí me la dejas pa siempre. Total que Príamo aceptó que se quedara la chica mona en casa, aunque Héctor estaba que trinaba porque él tuvo que pasar por vicaría pa mojar.

 

Por la noche cuando se fue a acostar, Menelao notó que faltaba algo a su lao (como he ligao un pareado ¿eh?) “¡Ande está la parienta!” gritó. Y se fue a ver su hermano que era un tío muy bruto que se llamaba Agamenón. Mandaba en Micenas, una ciudad que había sido muy rica pero que Troya la estaba dejando en cuadro. Y Agamenón dijo ésta es la mía. Y allá que se fueron a la guerra cantando “Ay, Carmela”. Pero no se fueron solos, se llevaron a unos colegas. Por ejemplo Odiseo, al que llamaban Ulises también en toas las fiestas, o a Aquiles, que era como Cristiano Ronaldo pero menos guapo, menos fuerte, menos chulo, menos rico y menos de to.

 

Total que llegaron en pateras a la playa de Troya una mañana como si tal cosa, y no había ni un bañista ni un municipal ni nada. Y las puertas cerradas como una discoteca de Valencia a las cuatro de la tarde. Y no teniendo nada que hacer se fueron a un templo que había cercano y se dedicaron a destruirlo. Porque en aquel tiempo eran muy de destruir para dejarnos ruinas, a los de ahora, que visitar. Pues en estando allí, los troyanos como que les tocaron ya un poco los huevos que le descolocaran aquello que era como el Rocío pero en griego. Salieron a pelear a la playa, como chavalitos ingleses en Salou. Y estuvieron dándose mamporros durante nueve años, que ya son ganas… y aguante. Aunque en la película todo pasa en un ratito. Supongo que porque daba mucho el sol.

Entonces el rey Agamenón se quedó con la muchachita que limpiaba en el templo pero que ya Aquiles le había echao el ojo. Y como le pasa a Cristiano Ronaldo, se enfurruñó y dejó de respirar. Y no iba a luchar mientras no le devolviera a la moza. Entonces el primo chico de Aquiles se calzó las botas y la ropa de currar de su primo y se fue a jugar a la playa. Le echó cojones a Héctor, y creyendo que era Aquiles le mató. Que si hubiera sabido que era Patroclo (el primito) con dos collejas le manda a casa, pero no, le dio pastillas de goma. Y Aquiles se pilló un mosqueo de mil pares. Que se había quedao sin la chica y sin el primo que le hacía cositas vaginales de vez en cuando también. Y del mosqueo empezó a dar vueltas por la playa dando cogotazos a todo el que se cruzaba. Hasta que Héctor salió y le plantó cara. Tardó cero coma en partírsela. Luego se lo llevó arrastrando por la playa como la niña que arrastra la muñeca, pues igual. Y Aquiles estaba como cuando Cristiano Ronaldo marcó el penalty en la final de Champions…sacando músculo y en plan borrico. Pero la puerta de Troya no había dios que la abriera. Entonces Ulises que era el único que había estudiao dijo que así les iban a dar las uvas. Y se inventó una argucia, que como un truco de to la vida pero a lo fino. Y cogió to la madera que había sobrado de las barbacoas playeras que no estuvieran muy quemadas y construyó un caballo gigante. Como el de los peques, pero a lo bestia. Y se lo dejó a los troyanos en la puerta de la calle. Los griegos recogieron las toallas y se fueron pa casa… o eso hicieron creer, porque todos se escondieron en una calita a la recachita del levante.  Y los troyanos asomaron el hocico y dijeron, mira, se han dejao el carro aquí. Y lo metieron pa dentro, porque los troyanos eran muy de mantener limpia la playa. Y entonces una muchacha llamada Casandra empezó a mirar raro y a decir…hay que quemar el caballoooooo…hay que quemarlo. Pero ni caso. Primero porque había una profecía que decía que ella podía ver el futuro pero nadie la creería…que manda huevos. Era como Aramís Fuster. Y también pasa que los troyanos no tenían que poner en una rotonda grande en la calle principal con la diagonal y esto les venía de perlas. Como suele pasar cuando buscas bien en los adefesios que ponen en las rotondas, algo más había detrás, en este caso dentro. Y no eran subvenciones o prevaricación. De noche, cuando todos estaban durmiendo la mona después del fiestón de inauguración, de dentro del caballo salieron los griegos escondidos. Que imagino el cague cuando oyeron a Aramís decir que lo quemaran. Total que lo primero fue abrir la puerta de Troya, y los de las pateras que habían vuelto de noche como los contrabandistas, entraron a lo bruto. Es decir, masacrando y matando a todo dios.

Y es aquí cuando al fin sale Paris que a todo esto había estao encamao con Helena. Ve a Aquiles y pensó que para matarlo lo mejor era donde más le dolía. Como a Cristiano Ronaldo, en la bota, la de oro no, la normal de sandalia de los antiguos. Y como si fuera un elfo contó con su arco. Y lo apuntó y zas, en todo el talón, que ahí duele tela. Y Aquiles se murió con todo lo que eso significa de dejar de respirar y eso. Cogió tétanos o algo, aunque dicen que es que era su único punto débil, también como Cristiano Ronaldo mira.

Y aun así, los griegos ya estaban dentro y quemaron Troya entera, que luego la Merkel se vengó quemando Grecia.

Pero eso ya es otra historia.

 

La manzana de la Discordia





Pues resulta que había una ciudad muy grande en lo que hoy sería la Turquía asiática, pero ni aun había señores con bigote y cachimba, ni mujeres riéndose a carcajadas como protesta. Se llamaba Troya (sin coñas). Mandaba un tipo que se llamaba Príamo. Pues este tenía un hijo llamado Héctor, (Eztor pa los colegas) que era muy chulo y valiente. Príamo dejó otra vez preñada a la parienta, pero en un sueño le dijeron que el hijo que iba a tener sería la ruina de su ciudad. Más o menos se convertiría en Concejal de Urbanismo. Pues no se le ocurrió otra cosa que mandarlo a matar tal cual naciera. Ahí, como la madrastra de Blancanieves. Pero como suele ocurrir, el que se lo llevó no se atrevió y se lo dejó a unos pastores viejunos que no habían tenido hijos, para ayudarles con las vacas y eso.

Pues resulta que Paris (con acento en la “a”), que así le llamaron, creció y se convirtió en un muchacho mu guapo mu guapo. Como Justin Bieber pero sin peinado de casco. El caso es que todas las diosas y ninfas del Olimpo estaban que echaban calditos por él.

En una ocasión hubo un fiestorro en el Olimpo, como casi todos los sábados. Una boda. Habían invitado a todos los dioses, menos a una que era muy perra, Discordia.

Discordia llegó en mitad de la barbacoa entre rayos y truenos, y a pesar del mosqueo, dejó en la mesa una manzana de oro con una dedicatoria “Para la más bella”. Inmediatamente todas se lanzaron como harpías a por la manzana, no por que era de 14 kilates, sino por lo de que era pa la más macizorra. Al final se quedaron de los pelos Afrodita, Atenea y Hera.

Zeus se tuvo que meter pol medio, porque era padre, marido y amante de las chicas. El caso es que como no se ponían de acuerdo (perdón que me ría) decidió coger a un inocente para que diese su veredicto. Él como era inteligente, le pasó la pelota a otro. Apolo del tirón se fue al servicio. Ares dijo que era tarde. Hefesto, que se encontraba mal, que el vino le había hecho “hefesto”. Así todos los dioses se escaquearon. Zeus decide como buen dios, que quién mejor que un humano para hacer las cosas bien. O para que se comiera el marrón y si alguno quedaba aplastado como una colilla fuera el humano y no él. Se decidió que el más inocente era Paris. Por haber vivido todo el tiempo entre vaquitas, no estaba mal influenciado. Era tonto vamos.

Lo llamaron para hacer el juicio a la más bella y como tonto, accedió.

De pronto, y como algo raro e inusual, las chicas empezaron a visitarlo para ofrecerle, fíjate por donde, un regalo si la elegía a ella. ¡Ande se ha visto eso! Era como el Gürtel pero a lo bobo.

Hera le ofreció el éxito.

Atenea, la sabiduría.

Afrodita, los encantos de la mujer que quisiera.

¿Apostamos con cual se quedó Paris?

Tonto era, pero no lo suficiente como para saber que de vaquero poco éxito iba a tener como no fuera creando una ganadería como los Domecq.

La sabiduría, vale, no está mal. Pero donde se pongan dos buenas cachas, que se quiten las vacas. Que también estaría fritito el pobre.

 

Y dicho y hecho. Eligió a Afrodita. Y esta le ofreció un catálogo de señoritas, y a través de una nube pudo ver a las más bellas del lugar. Como eDarling. Y vino a fijarse en Helena, la mujer más guapa de entonces. Iba espabilándose el muchacho.

Pero Helena era ya la mujer de Menelao, no el del helao, sino el rey de Esparta. Y ya sabemos, todos los que hemos visto “300”, cómo se las gasta un rey de Esparta cabreao.

Yo creo que para entonces ya Hera y Atenea le habían hecho al pobre Paris un poco de puteo. Por no elegirlas. –Que no quieres éxito, pues toma, vas a triunfar de pleno. Que no quieres sabiduría, el más gilipollas. A fijarte en la mujer del tío más mosqueón de Grecia y además hermano del más cabrón, Agamenón de Micenas, enemigo de Troya. Tócatelos.

 

Pues así a lo tonto, dio comienzo la Guerra de Troya. Pero eso será para la próxima.