martes, 16 de septiembre de 2014

Génesis II, en tierra hostil.


Génesis II, en tierra hostil.

 


Pues nos habíamos quedado con que Adán y Eva habían sido expulsados del chalet de Dios. Pero aun así vivieron bien porque estaban subvencionados con el PER cuando la cosa se torcía. Entonces nacieron los hijos de Adán y Eva. Al primero le llamaron Caín y al segundo Abel. Caín se hizo agricultor y cultivaba lechugas y tomateras. Abel se dedicó a criar cabras y ovejas.

Un día llegó el cumpleaños de dios y Adán y Eva les dijeron que le llevaran un regalo. Caín se fue al huerto y recogió tomates, y Abel se llevó una cabrita. Por el camino iba pensando que este tomate es muy gordo, que este otro esta ya madurito y rico, que el otro huele muy bien y que si aquel se ve muy brillante. Total que cogió el más feo y pocho. Abel en cambio escogió el cabrito más bonito y más gordito de todo el rebaño.

 

-Qué tonto eres, el viejo nos echó del chalet. –dijo Caín.

-Ya pero es Dios. –respondió Abel.

-Pero se enfada y nos manda tormentas.

-Sí pero porque nos portamos mal.

-Pues que no esté to el día pidiendo sacrificios y oraciones, que es muy pesao.

-Es que está mayor, ha existido desde siempre, se aburre.

-Pues que baje al infierno y le de por saco a Satán, que a ese ni le toca.

-No seas quejica Caín.

-Ni tú tan pelota, Abel.

 

Llegaron a la casa de Dios y le dejaron los regalos. Y Dios los recogió y dijo: Ay que cabrita más linda me has traído Abel, jomio. La voy a hacer al horno de leña con el tomate de mierrrrda que me has traído, Caín. Abel, te invito a comer, y a Caín le haré un sarpullido en el bajo vientre.

 

Al salir de allí, Caín llevaba el hueso de la cabra que le habían dejado chupar. Rascándose la entrepierna to el rato mientras Abel iba relatando lo buenísisisimo que era Dios y lo agradable de su verbo cuidado, y lo bien que le sentaba el pelo cano.

Al girar la esquina del último árbol según se sale del Edén, Caín le metió tres tiros a Abel. Bueno fue más bien un cachiporrazo con el hueso de la cabra que ya había acabado de chupetear. Para que se callara un rato. Pero como aún nadie se había muerto, Caín no sabía que si te meten un costalazo en la nuca con un objeto contundente, te vas pal otro barrio. Y total, si lo mandaba al Paraíso, así podría estar to el rato con Dios. Iba a estar encantado. Y allí lo dejó.

Dios que lo ve y se va derechito al huerto de Caín.

 

-Caín. ¿Ande está tu hermano?

-Qué se yo. ¿Acaso soy el guardián de mi hermano? –dijo mientras se oía el trueno típico de las frases históricas.

-Caín, ¿de quién es el cuerpo encontrado en la esquina de mi calle?

-Pregunta al CSI, yo que sé. Yo estoy aquí to la tarde labrando pimientos.

-Caín, has sido tú el que ha matado a Abel.

-Bueno sí, ya está. ¿Contento? Además, quien iba a ser si no. Si es que me tienes acorralao.

- AY. CAÍN – bramó Dios –TU ESTIRPE SERÁ MALDITA EN TODA LA TIERRA. TU SIMIENTE NACERÁ CON EL ESTIGMA DE TU CRIMEN Y TU PECADO. Y por cierto, llévatelo de allí que mañana tengo visita de los dioses del Olimpo y son muy mala lengua.

 

Así que Abel fue enterrado en el huerto, y Caín se marchó a vagar por la tierra.

 

Caín se encontró con las hijas nacidas de Lilith y de los demonios del desierto y fundó la gente de mal vivir. Músicos, herreros (de aquí el heavy metal) y poetas. Total, los garitos y bares.

 

Adán y Eva se quedaron solitos y decidieron tener otro hijo porque si no, la Historia se habría acabado. Además, que se enteraron que Caín estaba teniendo hijos moteros y rockeros, y se dijeron, estos acaban con la cerveza de toda la tierra si nadie se lo impide.

Y así nació el tercer hijo en el mundo: Set.

 

Set se casó con una mujer, que a saber de dónde había salido, pero a estas alturas había que meter gente o la Historia se alargaría mucho. Y tras varias generaciones llegaron a uno que se llamaba Noé. Y no era gordo y con barba blanca y vestido de rojo, que ese es Noël. Este vivía ya con más personas.

Pero resulta que solo él seguía ofreciendo regalos a Dios. El resto se dedicaba a lo suyo.

Dios se mosqueó mucho porque en su cincomillonésimo cumpleaños, solo Noé y sus hijos habían ido.

 

-¡Cómo! –gritó, porque Dios es muy de gritar cuando se mosquea. –¿Qué no ha venido nadie? Se van a cagar.

-Yahvé, tranquilízate, que tú eres muy de tomártelo todo a la tremenda y a ver que ya no tienes de dónde expulsarnos ya. Que como no los borres de la faz de la Tierra.

-Me acabas de dar una idea.

-No si soy un bocazas.

 

Y decidió acabar con la Raza Humana. Estuvo pensando que clase de calamidad podría hacer para acabar con todos de una sola tacada. Había un hormiguero y mientras pensaba, derramó el vaso de agua encima. Las hormigas se ahogaron todas y entonces se dijo, “Ya está, los ahogo a todos y sacabó”. (Nota, esto es licencia literaria para la película que algún día se hará de toda esta tontería mía).

 

Y así se fue a ver a Noé.

 

-Ya lo tengo todo preparado, voy a hacer un Diluvio Universal. Voy a sumir a toda la Tierra durante cuarenta días en un chaparrón que ríete tú del Katryna.

-Ya, todo eso está muy bien. Pero, ¿y nosotros? Mi familia y yo. Que te llevamos tarta todos los cumpleaños.

-Joer, tienes razón, no lo había pensado. Pues te compro una balsa de goma y te subes a ella.

-¿Cómo un subsahariano en patera? Sí aro.

-A ver, te pongo un barco y meto una pareja de cada animal que existe, los separas pa que no se coman, y luego te haces un zoo. Jo, que tengo ilusión de acabar con la Humanidad.

-Está bien.

-Ala, pues ponte manos a la obra que the winter is coming.

-¿Encima tengo que construirme yo el barco?

-Haber elegido la zodiac.

 

Y Noé construyó a toda hostia un barco. En mitad de un llano. Y cuando la gente le preguntaba, decía: “No es un barco, es un arca, pal ajuar. ¿Qué no lo veis?”

Pero la gente vio que era mucho arca para tan poca ropa de cama. Así que se reían de él. Y Noé se decía: “Reírse, reírse, que cuando llegue noviembre y la gota fría veréis”. Y a modo enigmático repetía “The winter is coming”, una y otra vez. Hasta que llegó.

 

Y se subió al arca con su familia y toda clase de bichos. Menos los dinosaurios, porque cagaban mucho y tampoco eran de mucho avío en la Tierra. También que se le había olvidado echar pienso para ellos y no quería reconocerlo.

 

Y así fue que cayó un estacazo de agua durante cuarenta días, que parecía Galicia aquello. Y la gente no se salvó ni con botas de agua. Y después de otros cuarenta días pa secarlo todo, apareció tierra firme. Y no se necesitaron ni bomberos para achicar agua.

 

Y de los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jaffet, partió la nueva raza humana. No me preguntéis con quien tuvieron hijos, pero así se demuestra el porqué algunos tienen cara de perro, de cabra o de caballo.

 

Os espero en el próximo capítulo de esta magna obra. Génesis III, los nominados.

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